En otro lado del Mundo aprendí que… (ll Parte)

A ver, cómo les explico…

Sigo contándoles de lo que aprendí en mi viaje, pero si Ud no sabe de qué estoy hablando mientras lee estas líneas puede ir a la  de este artículo I Parte de este artículo para enterarse de los detalles.

Así que continuemos:

  1. El compromiso con los animales. En Munich quede impresionada todas las regulaciones que implica tener una mascota y, en general, con el compromiso con los animales y recordé esta frase:

“La grandeza de una nación y su progreso moral pueden ser juzgados según la forma en que tratan a sus animales”.

Mahatma Gandhi

Hellabrunn Zoo en Munich Alemania.Primero tuve la oportunidad de ir al Hellabrunn Zoo , casi a rastras, porque desde que tengo 11 años no había ido a uno, ya que a esa edad recuerdo haber ido al Zoológico en Venezuela y me quedo con el mal recuerdo de haber visto un Buitre (sope) dentro de su jaula comiéndose su propia pata, me impresiono tanto y de forma tan negativa que hasta la fecha me había negado rotundamente a ir nuevamente a un Zoológico.  Pero bueno, en esta ocasión decidí darle una oportunidad y fui, y no les puedo explicar que experiencia más fantástica, así que trauma superado. Me dejo impactada que todos los lugares donde están los animales se han dado el trabajo de recrear sus hábitats al pie de la letra, además los han climatizado según las necesidades de cada especie, hasta las plantas que han utilizado han sido cuidadosamente pensadas y varias especies conviven entre ellas, es increíble las condiciones que han trabajado para poder generar.

Como si esto fuera poco, yo que soy una “Mother of Cats” de toda la vida, no podía con mi fascinación al ver los perros en Munich, sin importa la raza, tamaño, etc, es que eran lo educados, lo amigables, y el transporte, lugares, plazas, ferias, restaurantes, eran “pet friendly”. Ahora viene la otra parte la historia, y es que mientras platicaba con alguien que vive en Munich, salio en el conversación que hace poco tiene un perro y me explico lo que implica, primero es reglamentario que si tu adquirís un perro tenes que mandarlo a entrenar, además los controles médicos deben estar absolutamente al día, lo cual puede consultarse en el chip que le insertan al perrito para ubicarlo y donde las autoridades pueden consultar su historial médico al día, además el perro debe esta a-s-e-g-u-r-a-d-o, por cualquier incidente en el que se vea envuelto, con otro perro o persona.  El punto es que al final los animales son lo absolutamente encantadores que nosotros les permitimos, tener una mascota es una responsabilidad, y cuando las personas y las sociedad en la que se encuentran toman la responsabilidad y el compromiso que los animales implican, como otros pobladores del planeta, realmente es un reflejo de su grandeza.

Hellabrunn Zoo en Munich, Alemania.

2.  Las mujeres son iguales, no luchonas. Las mujeres son iguales, no me refiero solo al trato que se les da, me refiero al ejercicio de igualdad en sí.  Me lleno de satisfacción ver muchas mujeres trabajando, dueñas de negocios, y sin pretenden hacer un escándalo al respecto, simplemente son adultos siendo capaces de proveerse lo que cualquier adulto debería proveerse.  No solo trabajan, si no que cargan cosas de forma equitativa, además son capaces de salir solas, de plantar un alto ante cualquier situación que no estén de acuerdo, de dar su opinión más alla de cómo sea vista, de ceder su asiento en el tranvía, en el metro o donde sea a alguien que lo necesita más, aunque este sea un hombre con muletas, mayor o cargando un niño.  Y de la misma manera vi hombres, alrededor de una mesa, tomándose una cerveza y chambreando, cada uno con un coche y su bebé. La igualdad se ejerce, no es solo un discurso.

Lisboa, Portugal
Cascais en Lisboa
Zurich, Suiza
Rosa de Barcelona.

3. Cuando uno quiere entender o darse a entender, entiende y se da a entender. Esta lección la recibí en Portugal, que debo confesar que de todos mis viajes encabeza mi lista de “los mejores lugares” en todos los sentidos posibles y al que sin duda, regresaré. Y bueno, el punto es que yo no hablo nadaaaa de portugués, a parte de lo que les he dicho que siempre me aprendo cuando llego a un país donde no hablo el idioma, que es aprender a decir gracias (obrigada), hola (ola), cerveza (cerveja).  Si, si, es cierto que uno “medio entiende”, pero no lo suficiente, y resulta que muchos portugueses hablan italiano, francés, pero no ingles, ni español.

Calles de La Alfama, Lisboa

El punto es que a parte de ser abrumadoramente amables, cálidos y simpáticos, genuinamente te quieren entender y que los entiendas, no importa cuantas señas, dibujos, muecas, mezclas de palabras en otros idiomas les tome, la disposición está ahí, fuerte y clara.  Verlos me hizo pensar en cuantas veces nosotros, hablando en mismo idioma, ni entendemos al otro, ni somos capaces de darnos a entender, después de darle vuelta a esto y su por qué me di cuenta que la diferencia radica precisamente en algo que a los portugueses les sobra y es “el querer”, la motivación que existe atrás de esa paciencia, de ese echar manos de todos los recursos posibles y toda esa buena disposición, que me dejo claro que estas cosas están ahí, entiendes y te das a entender, cueste lo que cueste.  Yo personalmente me he hecho el compromiso de querer entender y darme a entender.

Barrio Alto, Lisboa
Rua da Rosa, Lisboa
Lisboa
Cascais, Lisboa

4.  Ojala todos hagamos cosas pensando en que duren durante mucho tiempo. Siempre me han impresionado las ciudades que tienen esta cantidad de tiempo de existir, debo confesar que a veces solo me da por estar sentada tomando algo veo los edificios, casas, construcciones que llevan ahí miles de años y pienso en todo lo que habrán prescenciado, las personas que han entrado y salidos, todas las historias que podrían contar, hasta los adoquines de las calles o empedrados ¡todo lo que nos podrían contar!… cuando me leo es raro, pero es lo que realmente pienso en esos momentos.  En este viaje en particular me paso mucho, pero debo admitir que cuando estaba en Dubrovnik, Croacia, hay una parte que es el Old Town (si donde grabaron miles de escenas de GOT ) y es una ciudad amurallada, la más grande en que he estado, para que tengan una idea uno pueden subir a los muros para recorrerlos y me tomo ¡2 HORAS! hacer el recorrido completo.  En Dubrovnik mientras recorría sus callecitas, subía sus mil millones (estoy exagerando, probablemente son 2 gradas menos) no paraba de pensar si quienes construyeron la cuidad lo hicieron pensando en que cada piedra se mantuviera en su lugar por tantos, tantos años, todo lo que han presenciado, escuchado, y siguen ahí, totalmente estables, fuertes.  Imaginen lo lindo que es esta ciudad amurallada exactamente a orillas del Mar Adriático, que nunca pudo ser ocupada por ninguno de sus invasores. Dubrovnik me enseño que hay que hacer cosas diseñadas para que duren mucho, mucho, tiempo; que deben tener cimientos fuertes, que lo que construyamos debe ser estable, que debemos dejar huella, que esto no solo se hace construyendo ciudades, también se hace cuando construimos nuestra Vida.

Calle principla del Old Town en Dobrovnik, Croacia
Murallas de Dubrovnik
Parte exterior de la Ciudad a orillas del Mar Adriático
Dubrovnik
La ciudad Dubrovnik vista desde las murallas

5. A nadie le importa tanto que andas encima.  En muchas ocasiones, en diferentes contextos hemos tenido conversaciones sobre la diferencia entre lo que necesitamos y lo que queremos, que está bien querer, pero es mala idea confundir el querer con necesitar, porque la mayor diferencia radica en que cuando algo realmente lo necesitamos si pasamos unos días sin tener acceso a ello “nos morimos”.  Uno de los ejemplos que siempre uso es “la ropa”, y en efecto, la ropa es una necesidad, pero la parte en que sirve para protegernos del clima de de diferentes factores de nuestro medio ambiente, ya solo el hecho que combine, que este de moda, entre otros no es una necesidad, lo cual tampoco quiere decir que está mal querer.  Pero teniendo lo anterior como punto de partida se dan cuenta cuantas veces decimos de alguien “se ve bien profesional” o, como recomendación le decimos a otro “tenes que ponerte tal cosa para verte profesional”, y si somos honestos con nosotros mismos, la mayor parte del tiempo nos estamos refiriendo a lo que alguien anda o deberían andar puesto, así como a otros factores totalmente relacionados con su aspecto y, entonces, mi pregunta es “¿desde cuando la capacidad, profesionalismo, capacidad de intelectual, etc. de alguien se refleja en su aspecto?”.  Creo que me lo dejo más claro que nunca ver gente que usa la ropa en base a los requerimientos del clima, del entorno; en vez de usarla para tratar de demostrarle algo a los demás.  Esto no quiere decir que no debería importarnos nuestro aspecto, pero porque nos sentimos bien, porque nos funciona, porque refleja quien somos, no como una medida de nuestras capacidades.  ¡Ojo! esto no se limita a la ropa que alguien anda puesta, abarca cualquier otro rasgo puramente relacionado con la apariencia por ejemplo, color o corte de cabello, aretes, maquillaje, tatuajes, zapatos, etc.

Sant Cugat, Barcelona, España