Ansiedad: cuando lo cotidiano es una amenaza. (2° Parte)

A ver, cómo les explico…

Quiero seguirles platicando sobre la ansiedad y como funciona, para que si Ud. está en esta situación comprenda un poco más qués es lo que sucede, o si por otro lado, alguien que es importante para Ud. tiene un problema relacionado con ansiedad tenga mayor información sobre qué ocurre y por qué, para poder dar un apoyo lo más efectivo en esta situación.

Una de las cosas que más generar confusión sobre la ansiedad es ¿por qué una persona ansiosos cataloga tal o cual situación, que nosotros consideramos carente de importancia, como una amenaza; en vez de limitarse a considerar como una amenaza las situaciones que la mayoría calificamos como tales?.  Les cuento qué pasa, y es que ninguna de la situaciones que nos rodean, no importa cuál sea, tiene un significado, si no que somos cada uno de nosotros quienes le asignamos ese significado. ¿Que no es así?, les doy ejemplos, la sopa de pollo la cual no hace sentir mejor cuando estamos enfermos por ejemplo, no tiene ningún poder curativo, sin embargo, nos hace sentir mejor porque la hemos aprendido a asociar con los cuidados de alguien en esa situaciones y por eso nos reconforta y nos hace sentir a salvo.  Esto no pasa solo con lo que consideramos agradable o reconfortante, sucede exactamente el mismo proceso con las cosas que consideramos amenazas o emergencias, con los miedos que aprendemos o las cosas, situaciones y hasta gente que aprendemos a rechazar.  Todo el proceso de calificación ocurre en la parte de nuestro cerebro que es la más avanzada, que como especie nos ha hechos llegar hasta donde estamos y es la corteza cerebral, que se encarga de analizar, integrar y dar significado a todoooooooos los estímulos que provienen de nuestros sentidos (vista, olfato, etc,) y por varias razones, la corteza cerebral de los ansiosos empieza a catalogar a muchísimas situaciones como amenazas, desencadenando por ende los mecanismos, que corresponden para afrontar una amenaza, lo cual prepara para dos cosas: huir o enfrentar.

De todo lo que les acabo de comentar es de donde provienen muchas de las sensaciones físicas que las personas que sufren de ansiedad.  Como les mencione cuando estamos antes cualquier situación y la clasificamos como una amenaza, hay una parte de nuestro cerebro que se enciende y nos preparar para enfrentar o huir, ambas respuestas genera una serie de cambios físicos en cuestión de segundos, entre ellos les puedo mencionar el cambio de nuestra respiración, se hace más rápida, agitada; nuestro corazón empieza a latir más rápido, nuestros músculos se tensan, se prioriza el flujo sanguíneo a ciertas partes de nuestro cuerpo, la pupila se dilata, se encienden algunas glándulas, etc, etc, etc.  Esto al traducirlo en sensaciones físicas es cuando una persona ansiosa describe sensaciones como hormigueos en pies, manos o cara; sensación de manos y/o pies helados, que el corazón se les va a salir o que va muy rápido; el cambio en la respiración que se vuelve más agitada, tensión muscular que hace que la voz sea más aguda o que los movimientos sean menos fluidos, más toscos; que la velocidad a la que reaccionan, se mueven, hablan y hasta piensan se incremente; que de repente la luz que los rodea parezca demasiado; dolores de cabeza; de espalda o musculares, sin que haya una causa aparente, entre otros síntomas que también pueden variar de una persona a otra.

Ahora ya conocen un poco más sobre el por qué de tantas sensaciones físicas que son las que usualmente llevan a las personas ansiosas a recorrer esta número interminable de médicos de diferentes especialidades y que los terminan llevando a la consulta psicológica.  Quiero que tengan en cuenta que ellos no provocan estos síntomas a propósito, por ende una de las peores cosas que pueden hacer es pedirle que “deje de sentirse así”, ya que… créanme, si pudieran, si fuera así de sencillo, ellos lo hubieran hecho ya.