Esas inútiles resoluciones para el 2014…

 A ver, como les explico…

Creo que vale la pena empezar aclarando que nunca he entendido eso de hacer una lista de resoluciones cuando un año está por terminar y el otro por empezar… es que no entiendo ¿por qué en ese momento?, si son cosas que queremos mejorar, cambiar, restar o agregar a nuestra vida porque no las hicimos cuando se nos ocurrió, cuando caímos en cuenta; ¿o será que por alguna razón a varios les pega la inspiración o la incomodidad necesaria hasta el 31 de diciembre de cada año?, ¿Además de que sirve prometer lo mismo para el 2014 que prometió para el 2013 y que está dispuesto a seguir prometiendo el 2015 y nunca hacer lo necesario para que cualquiera de esos años deje de ser solo promesas?.

Personalmente opino, que si algo puede estar mejor, me molesta, quiero que termine o que empiece, no soy buena para esperar al otro año, nunca ha sido mi fuerte, ¡yo empiezo ya!  Creo que en mi caso es por dos razones, la primera es que sé que si me interesa realmente estaré dispuesta a hacer todo lo necesario, si no estoy dispuesta quiere decir que no me interesa, por ende paso a lo siguiente.  La segunda razón es que una vez leí algo que hasta la fecha suena en mi cabeza cada vez que tan siquiera se me ocurre postergar algo y es:

 “El riesgo más peligroso de todos es pasar la Vida sin hacer lo que más queremos, por apostar que podremos comprarnos libertad para hacerlo después”.

Creo que esto último es lo que a muchos les permite constantemente postergar, esperar al próximo año, porque si no lo hago este año tengo el próximo para volver a prometerlo, con la certeza un poco ingenua de que tendremos todo ese tiempo a nuestra disposición, que realmente tenemos enfrente 365 páginas en blanco y ¿si solo quedan 10, 50 o 207?, que contaremos con toda la salud de que probablemente ahora gozamos, con todas las oportunidades que ahorita somos capaces de contabilizar, con la paciencia (que creemos infinita) de quienes nos rodean, nuestra lucidez, recursos, etc.  Pienso que el tiempo que tenemos es hoy y que lo que podemos hacer es aquí, mañana nunca llega y las condiciones o momentos adecuados tampoco se presentan.

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Ahora nada me parece más curioso, que cuando de repente alguien se sienta a platicar conmigo referente a sus resoluciones y lo más frecuente son dos casos, el del “Vendedor” y el del que “Trata”.

El “Vendedor”, se sienta, empieza a enumerar y dar detalles de sus nuevas resoluciones, todos los argumentos al respecto y los por qué de peso, cómo se beneficiará el mismo, a quienes lo rodean y al resto del Mundo… y al final… con ojos como platos y llenos de expectación me pregunta: ¿Qué te parece? Mi respuesta es ¡que me parece que no le debería importar si a mí me parece! ¿Por qué? Pues porque mientras uno más enamorado está de sus decisiones menos necesidad tiene que a los demás le gusten, entonces si Ud. realmente está perdidamente enamorado de sus decisiones no tiene porque tratar de “vendérselas” a nadie y si no está realmente enamorado búsquese otras que si logren que escuche hasta violines de fondo.

Luego está el que “Trata”, en este caso empiezan cada uno de sus planes para el siguiente año con “en el 2014 voy a tratar…” ¿y cómo funciona eso? Hagamos el experimento, trate de dar cinco saltos ahorita… ¡no es posible, o lo hace o no lo hace! Desde mi punto de vista, cuando usamos la palabra “tratar” nos estamos disculpando con anticipación por algo que no realizaremos porque ya decidimos que será así.  Usar la palabra trata es empezar algo fingiendo convicción y excusándonos desde ya por si acaso no lo logramos.  Ambas palabras, “convicción” y “tratar”, están peleadas y no pueden tener lugar en la cabeza de alguien de forma simultánea y referente a la misma idea o plan.  No se engañe Ud. solo, si usa la palabra “tratar” al empezar la frase no se refiera a lo que acaba de decir como una “resolución” y si realmente es una resolución prohíbase usar la palabra “tratar”.

Recuerde, que cada inicio de año le provee la “idea” de un nuevo principio después de 365 días, mientras que durante todo el año tenemos 365 oportunidades de volver a empezar, hacer las cosas, cambiar lo que esté en nuestras manos; 365 días para dar pasos que nos acerquen a esa Vida que Ud. quería “cuando fuera grande”.

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